I Maratón de Javalambre

Ayer domingo se disputó la primera edición del Maratón del Javalambre, con un recorrido duro y exigente, pero a la vez espectacularmente bello, pasando por las Sierra de La Puebla y Gudar-Javalambre.

Sin duda, el Maratón de montaña más bonito y que más me ha hecho sentir de los pocos (3) que he corrido hasta ahora… Por ello y antes de nada, quería agradecer a los chicos y chicas de CXM y a todos los voluntarios por hacerme pasar un domingo como el de ayer. Gracias y… ¡que vengan muchas ediciones más!

Sobre el papel, la dureza de los 42,2kms se concentraba en la primera parte del trayecto, donde se acumulan la mayor parte de los 2300m de desnivel positivo de la prueba. Tras salir de La Puebla de San Miguel, pronto empezarían las cuestas con un desnivel altísimo como las del km2, que te dejaba ya un “recuerdo” en las piernas, o como la del km4, donde empezabamos la ascensión al Pico del Gavilan a 1700m de altitud. Una vez superada esta primera ascensión (con un cómodo tramo de camino en su parte final) emprendimos una bajada preciosa, divertida y rápida hacia el barranco. Quizás el trozo más bonito y suave del maratón estaba en este tramo, pasando por los Amanaderos de Riodeva, donde sin previo aviso nos esperaban las cuestas más terrorificas del día.
Apenas 100 valientes en la salida.
O era muy dura, o estabamos los más locos
Subimos por el barranco, o más bien lo trepamos, para tras una bajada y cojer fuerzas en el tercer avituallamiento del día, comenzar la durísima subida al techo de la Comunitat, el alto del Barracas con sus 1838m de altitud, y una cuesta bautizada por los corredores como “la pinocha”. Se trataba de una cuesta de desnivel incalculable, con una capa de pinocha de un palmo bajo la que se ocultaba otro palmo de tierra suelta lo que hacía practicamente imposible treparla. Aquello más bien parecía una prueba de “Humor amarillo”. Superada esta broma, la ascensión seguía sin descanso hasta la cima, donde nos hicieron ESTAS fotos. Poco despues, bajada complicada y a subir de nuevo.
Km. 20. Alto de las Barracas (1836m)
Aquí ya había hecho BUUUUM!!!
Con una pendiente ascendente, fuimos desde los 1836 a los casi 2000m de altitud con un paisaje espectacular, entre sabinares rastreros, pastizales y majadas estivales. Ya habíamos cumplido más de 28 kms y en teoría la dureza se había acabado. Ahora venía la hora de correr cuesta abajo “en cómodo descenso hasta la meta“. ¿?¿?¿?. Ni por asomo. Al menos para mí, que con los pies destrozados, los pulmones cerrados por la altitud y la cabeza en mi casa fuí arrastrandome como pude acompañado de un par de corredores que me hizo el trayecto más asequible (si es que aquello era posible hacerlo asequible).
No calculé los tiempos de paso, porque tras ver lo mal que me encontraba en el km20 donde marqué 3h40′ y tenía los pies llenos de ampollas, decidí quitarme el crono y guardarmelo en el cinturón. Era la manera metafórica de retirarme, de dejar de luchar contra el crono y de centrarme en llegar a meta por mis propios medios. Es cierto que no había entrenado ni un largo desde mayo… pero había ido hasta allí para hacer un largo bien largo, así que me quité el reloj y decidí seguir.
Mi crono en meta (7h16′), como era de esperar, fué bastante mediocre, lejos de mis inocentes objetivos previos, pero como dice mi amigo Vicent, lo del golpe en el orgullo acaba pasando y desde luego, ocasiones y maratones habrá en el futuro para resarcirme del batacazo.
Recuerdo de Javalambre 2012

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