Porta Coeli tiene su historia de amor

El domingo me estrené. Fue mi primera vez. Después de tanto tiempo escuchando hablar sobre ella, por fin iba a conocerla, y de qué manera. Era el día perfecto para ir por primera vez a  entrenar en Porta Coeli, nunca antes había estado en esta preciosa zona, ¿qué pensabais, qué refería a otra cosa?…
Lo que sí es cierto, o no, es una interesante leyenda que habla de los amantes de Porta Coeli, Ormesinda y Ricardo.

Como siempre quedamos prontito esta vez éramos: Tomas, Tino, Jesús, Javier, Alicia, Fernando (que creo que se conoce cada palmo de esta zona), y por último yo, iba a una nueva aventura, nunca sé lo que me espera. Comenzamos a correr y pronto empiezo a notar que parece que subimos…, y efectivamente poco a poco el terreno se va empinando más, de hecho el recorrido que hicimos fueron seis kilómetros de subida continuada, aunque bastante llevadera; no dejan de ser seis kilómetros que al final hay que sufrirlos. Pero luego tocaba bajar, y menuda bajada, había que ir con mucho cuidado y atentos a donde pisábamos ya que había muchas piedras que no molestan igual subiendo que bajando, y es que “las piedras del camino, no me dejaban ver el paisaje”; menudo paisaje, personalmente me pare unos segundos para sacar alguna foto y deleitarme con la placentera vista que se tiene desde allí. Es un lugar con mucho encanto, merece la pena subir aunque sea andando.
Fijaros en este dato, tardamos 42 minutos en subir y la vuelta la hicimos en 25 minutos, el último kilometro todos los que íbamos estuvimos por debajo de los cuatro minutos y eso que era el más llano.

Creo que este entrenamiento, muy aconsejable hacer de vez en cuando, y que os aseguro que todos en mayor o menor distancia, a más o menos ritmo, podéis hacerlo, y sirve mucho, pero mucho para mejorar. Así que aprovecho para animar a los nuevos compañeros que están empezando a entrenar, a ese grupo que tan majestuosamente les lleva de la mano Abel, que vengan un día, puedan hacer un entrenamiento más serio, y disfruten del paisaje y de lo bueno que tienen estas concentraciones.

Porque lo bueno estaba por llegar: almuerzo popular en el pueblo para recuperar fuerzas! En esta ocasión, lo prolongamos un poco más: el que quiso o el que pudo, después de almorzar nos fuimos a la piscina, y allí entre baño y baño, se nos fue un poco de las manos…, no paramos de reír. Ya estamos pensando cuándo volvemos a quedar.

De momento os dejo unas fotos para ilustrar el día. Espero que en la siguiente convocatoria, os animéis muchos más. Hasta entonces…

Saludos amigos,
Eduardo Delgado

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