XIV Marató i Mitja Castelló Penyagolosa

A las 4:15AM sonaba el despertador y en poco menos de dos horas, íbamos a emprender nuestra última gran carrera de la temporada de montaña con el único propósito de acabarla como fuera.
Según el perfil, los primeros 42kms no eran demasiado exigentes y que debíamos llegar a Sant Miquel lo más “enteros” posible para afrontar los otros 21kms de la parte final con garantías.


Perfil de la Edicion 2012
Los primeros kms de carrera son muy sencillos (pista forestal y poco desnivel) y vamos trotando hasta subir La Pedra y llegar al primer avituallamiento en poco menos de 1h50’.
Pasadas las 8 de la mañana ya se veía venir lo peor: el sol iba subiendo implacable sin nubes que lo ocultaran y sin brisa que mitigara la pegajosa sensación de estar deshaciéndonos como cirios.  De hecho, los casi 2 litros de agua que llevamos entre los dos se nos quedaban cortos entre avituallamientos. Cuando llegabamos a los controles, bebíamos 6 u 8 vasos de isotónico y rellenábamos bidones sabiendo que en media hora íbamos a estar secos de nuevo. 
El ritmo era tranquilo, y seguíamos a rajatabla la estrategia de no forzar. En el control de La Bassa (km24) paramos para el cambio de calcetines y comer algo. Alcanzamos Les Useres poco antes de las 11 de la mañana, donde nos esperaba el avituallamiento de bocadillos de atun.
Km 25. Camino a Les Useres
Creíamos que la cosa se pondría jodida más adelante, pero a las 12h el sol era implacable. Al salir de Les Useres se sube un monte completamente pelado, y lo que es peor… se ve la serpiente de corredores dibujar la ruta sobre la superficie de la loma e inmediatamente sabes que esa subida se va a hacer larga y dolorosa. Yo subo bien, pero Vicente va más lento. Decido subir a mi ritmo y esperarle de vez en cuando para que me vea, pero no ponerme a su altura para no agobiarlo. En un recodo hay un corredor pinchándose con los imperdibles en las piernas. Le ofrezco agua y aprovecho para esperar a Vicente. Llevábamos subiendo casi una hora al sol. Cuando aparece me hace una señal para que le de agua y así, a 4km del próximo avituallamiento nos quedamos sin reservas de nuevo.
Estábamos en el km38 (a 25 de meta) y aunque imagino que mi cara también sería un poema, Vicente estaba con la mirada perdida y blanco como la leche. Subía de manera autómata y decidí ponerme detrás de él para no abandonarle y a la vez, no atosigarle forzando el ritmo.
Por fin llegamos a Sant Miquel de Torrocelles (km42,5) y aunque se supone que hasta aquí debía haber sido un paseo en barca, la verdad es bien diferente. Mientras comemos y bebemos, voy sacando la ropa para cambiarme. Vicente decide abandonar y va a buscar a alguien de la organización para informarse de lo que tiene que hacer a partir de ahora. Yo estoy enrabietado. Me jode que las cosas no salgan bien, y aunque tengo fuerzas, yo quería entrar en meta con él aunque fuera de noche. Era nuestra carrera… estaba todo enfocado a ésta carrera. Cuando ya estoy listo para salir, el cielo se encapota. Por el oeste se ha puesto negro como la noche y de repente suena un trueno que hace que Vicente cambie de idea… si no va a pegar el sol como hasta ahora ¿por qué no intentarlo? “Vámonos, va, no lo pienses mas y cámbiate”. 


Salimos de Sant Miquel a las 14h, sabiendo que ahora empezaba lo peor –20 kms y 1200 metros de desnivel positivo- y empezamos a subir, y a subir, y a subir. No daban ganas ni de mirar el paisaje. El cielo estaba oscuro, pero habíamos cambiado el sol por el bochorno y el peligro de deshidratarse era igual o peor ya que no corría ni una brizna de aire. Poco antes de las 15h, Vicente para a descansar. Va vacío y decide que continuará a su ritmo hasta Xodos (km51) donde abandonaría. Quería hacerle cambiar de idea, pero el abandono es algo muy personal. No interfiero en su decisión, y le lleno el bidón con el agua que llevo y tiro para adelante. Ahora sí viene lo peor: ahora voy solo y jodido por mi y por él. 
Xodos, con la tormenta anunciada de fondo.
La suerte que tengo es que desde hace horas he ido a un ritmo inferior a lo que podía hacer así que dentro de lo que cabe, voy relativamente fresco y apenas me quedan 15kms. Subo a ritmo vivo y adelantando corredores. Eso, a esas alturas de carreras motiva a cualquiera. Y lo mejor de todo, media hora después, recibo un mensaje de Vicente decidido a llegar como sea a la meta. Me lo imagino en Xodos, convenciéndose de que entre lo poco que queda y esperar un año más para conseguirlo, lo más inteligente es no pensar demasiado! La noticia me hace sentir la alegría de tener que esperarle en meta, y entre eso y los mensajes de apoyo de la familia vamos tirando. La subida a la Banyadera es muy bonita, pero por una pista que hace que parezca una montaña artificial. Ha empezado a llover hace unos kms, y huele a tierra mojada y a tormenta. Alcanzo el último control a 3kms de meta y me lanzo cuesta abajo. El terreno se ha vuelto resbaladizo pero me siento volar entre las piedras. La emoción es tan grande que solo quiero llegar y verlo hecho. Corro como si acabara de salir de Castellón y voy adelantando a muchos corredores, hasta que oigo la megafonía en mitad del bosque. Ahora sí. Ya soy ultra. Al llevar el nombre en el dorsal, alguien me felicita como si me conociera y cuando piso la alfombra de meta se me escapan las lágrimas. Se acabó el infierno, y ahora sí que llueve con fuerza.
Me cambio, me como un bocadillo y dos cocacolas del tiron, y salgo a buscar a Vicente. Ha tenido que parar a ponerse otra camiseta debajo, porque en La Banyadera les ha caido el diluvio y se ha helado de frío. Pero lleva una sonrisa de oreja a oreja, de esas que valen la pena, con la que entra en meta con los brazos en alto.  
El chaleco polar de “finishers” y un gran vaso de caldo de la meta nos devuelve el calor. Ahora sólo queda subir al autobús, bajar a Castellón, coger el coche y llegar a casa pasadas las 22:30h. Efectivamente, tal y como rezaba el Libro de Ruta de la MiM, ha sido “El día más largo”.
Jordi Maldonado (11h37′)
Vicente suay (12h27′)

En el autobús de vuelta, cansados y orgullosos a partes iguales.

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